Excusatio non petita

Una de las consecuencias más perniciosas de mi reciente convalecencia ha sido el haber visto demasiada televisión (me ahorraré el siempre espinoso asunto de establecer cuánto es demasiado). El caso es que prácticamente no queda canal que no haya sido tomado al asalto por opinadores más o menos profesionales (en el más estricto sentido de la palabra) que llevan los últimos meses, actualidad obliga, desentrañando los pormenores de la crisis económica (más correcto sería hablar de las crisis, por un lado porque son varias concurrentes y, por otro, porque cuando la cosa alcanza cierto grado se gana merecidamente el plural, como aquellas hambres de Irlanda).

Tras una semana de observación, y sin necesidad de gran perspicacia, me ha quedado claro que dos son los elementos que caracterizan al tertuliano tipo (en el más weberiano sentido de la expresión) cuando nada en las procelosas aguas de la economía:

  1. Si se necesita reprobar o censurar algo, basta anteponerlo a la expresión “con la que está cayendo”. Es ésta, o a mí me lo parece, costumbre harto inconveniente porque contribuye a tomarse la crisis como si fuera un chaparrón. Y ya se sabe que no hay mejor actitud ante un chaparrón que esperar a que escampe, que es lo que parecen estar haciendo muchos de los agentes económicos (y todos los somos), con la que está cayendo.
  2. Es obligado empezar todo comentario de índole económica afirmando que no se entiende gran cosa de economía, aserto que, al parecer, legitima para detallar qué medidas es necesario tomar; cuáles es preciso evitar; explicar por qué (o por qué no) son imprescindibles los eurobonos (o los bonobuses, vaya usted a saber); aclararle al ECB en qué se equivocan sus técnicos y qué sé yo cuantas cosas más entre las que se cuentan, no podía ser de otra manera, la necesidad de que “fluya el crédito” y el paralelismo entre la política fiscal y las cuentas de una ama de casa.

A mí me tiene asombrado. Me explicaré. Llevo más de veinte años dedicado profesionalmente al análisis económico. He trabajado para unas cuantas administraciones y en todo este tiempo me ha tocado colaborar en proyectos de muy diversa índole (de esas a las que se les pone nombre rimbombante como Plan Estratégico, Programa Operativo, Plan de Empleo, Cuentas (macro)Económicas, Evaluación de Impacto Económico o Análisis de Coyuntura y algunas otras cosas a cual más rara; incluso me ha tocado comparecer en el Congreso de los Diputados para “opinar” sobre asuntos de cierta enjundia), incluso he dirigido unos cuantos de esos proyectos y he tenido la fortuna de trabajar al lado de excelentes economistas tanto en lo profesional como en lo humano (que los hay) y de los que he aprendido no pocas cosas. Y, qué quieren que les diga, me debe haber aprovechado poco porque yo no lo tengo tan claro como estos opinadores televisivos (reconozco, no obstante, que a veces se me escapa ese mismo tono pontifical, todo se pega).

Me puede, no obstante, la vocación de servicio y aunque pocas son las cosas que sí tengo claras, alguna hay. Son cosas muy básicas. Tanto, que seguro que no hay necesidad de dejarlas aquí por escrito. A pesar de ello en breve las iré publicando en este gallinero. Lo mismo hasta le valen de algo a alguien.

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